Opinión

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Buenos Aires había postulado, sin éxito, a organizar los Juegos Olímpicos de Verano. Lo había hecho, que recordemos, en más de una oportunidad. Lo asambleístas del COI siempre habían objetado que un país sudamericano organice un evento de esta magnitud, negándole la confianza, hasta que por fin, el año 2009 decidieron otorgarle esa chance a Río de Janeiro para llevar adelante la justa del 2016. Y todo parece indicar que sus descomunales esfuerzos fueron gratificantes.
La capital argentina había sido a la carrera responsable de los Juegos Sudamericanos del 2006 a los cuales asistimos y pudimos observar la precariedad de su organización y limitados escenarios, concentrada en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Núñez donde se disputaba la mayor parte de las competencias. No hubo nada que destacar. Ni siquiera creemos que se tratara de un ensayo mirando cosas de mayor envergadura.
En estos días Buenos Aires ha logrado impactar en la opinión pública mundial con unos Juegos Olímpicos de la Juventud que en su tercera edición están superando a las dos ediciones anteriores, con una masiva asistencia de público, comprometido en apoyar con su presencia a los miles de participantes de más de 80 naciones.
Si bien es cierto se entregaron pulseras para el ingreso gratuito de los aficionados, muchas veces se aprecia que ni así la organización cuenta con respaldo, simple, al gran público no le interesa. Más aún cuando hay déficit en la conquista de medallas de los locales, que hasta el momento no es el caso de la delegación anfitriona que se ha colocado entre los diez primeros en el cuadro de méritos.
Pero no sólo es un tema de asistencia. Aquí juega un papel preponderante el compromiso del país, en el que desde las principales autoridades hasta el último ciudadano decidieron apoyar su realización. Es decir, aquello que la "unión hace la fuerza" cobra especial sentido.
A ello reconocer que los platenses siempre han sido protagónicos en deportes individuales y colectivos, que sus atletas han prestigiado sus colores en todo el mundo. Hoy ha tomado la ventaja en el continente por encima del resto y nos imaginamos que no sólo por el número de participantes en Buenos Aires, sino por la sensación única de organizar una justa olímpica que prestigia a Argentina y a los argentinos.

 

 

Dom14Oct 2018
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Pese a que Chile debe haber presentado una de las selecciones más flojitas de los últimos años, ese no es óbice para no reconocer el merecido triunfo peruano en Miami por 3 a 0, más aún tratándose de un rival que nos deja siempre con "la sangre en el ojo", que sabe como desnudar nuestros errores y es capaz de ganar en circunstancias muy adversas dejando mal parado a nuestro balompie.
Al inicio de este segundo contrato del entrenador Ricardo Gareca, Perú había disputado dos partidos en Setiembre pasado en Europa y en ambos casos había perdido ante Alemania y Holanda por 2 a 1. Nuestras licencias defensivas ocasionaron que a pesar de estar adelante en el marcador, finalmente fuimos fulminados por nuestros rivales de nivel mundial.
Se reconoció que se jugó con equipos muy bien constituídos, que no era poca cosa ir al Viejo Mundo y ponerse de igual a igual enfrentando a dos campeones mundiales. Nos quedó un mal sabor de boca.
Pero esta vez las cosas fueron diferentes, porque hubo orden, concentración y contundencia, eso que lucimos en los cotejos decisivos de las eliminatorias de Rusia 2018; a ello se sumó una manifiesta precariedad ofensiva de "la roja", por lo que no hubo grandes incendios que controlar.
Durante el trámite del cotejo amistoso la escuadra nacional impuso condiciones tanto en lo colectivo como en lo individual; destacó el volante Pedro Aquino, quien pese a haber ingresado a los 29 minutos del segundo tiempo, tuvo margen para convertir el segundo y el tercero, ambos exquisitos tantos en la valla mapochina.
Este panorama es gratificante, por el resultado, por el rendimiento y en especial, por el significado que tiene vencer a Chile, cuya rivalidad con nuestro fútbol tiene historia y nos obliga a decir que jamás queremos perder, más aún con estadísticas que no nos favorecen.
A esta altura nuestro objetivo es alistarnos para la Copa América 2019 en Brasil. Por el momento seguir compitiendo en fechas FIFA y evaluar más jugadores jóvenes en este prolongado proceso. Insistir en el recambio generacional que nos está respirando la nuca, parece ser el principal objetivo del comando técnico del Tigre. El Perú sigue confiando en su sabiduría.

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La reciente presentación del Ministro de Educación en el Congreso de la República a propósito de la sustentación de su presupuesto del 2019 puso el dedo en la llaga, cuando anunció que el país deberá atender la financiación del Mundial de Fútbol sub 17 del próximo año con un desembolso de 40 millones de soles, unos 12 millones de dólares.
No tardó la congresista y ex voleibolista de la selección nacional Leyla Chihuán en poner el grito en el cielo advirtiendo que el Estado tiene previsto un presupuesto para el año entrante orientado al sistema federativo de sólo 30 millones de soles, es decir, cifra reducida ante tantas necesidades de sus respectivos organismos, incluyendo sus deportistas en materia de preparación, alimentación, capacitación, etc.
Cada federación debe cancelar mensualmente los servicios básicos, como energía, agua, teléfono, los sueldos y salarios de su personal, movilidades, entre otros, es decir, estamos frente a un gasto que ciertamente se justifica como es la organización del Mundial de Fútbol sub 17, pero jamás postergando las expectativas de miles de jóvenes que activan el deporte en la nación y que no están pensando solamente en los Juegos Panamericanos de Lima.
Con estas cifras escuálidas nunca el deporte peruano va a poder salir de su estancamiento. Estamos en un círculo vicioso hace varias décadas sin poder despegar. Miremos como nos ha ido en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta, Colombia del año pasado y los recientes Juegos Sudamericanos de Cochabamba. Nuestras esperanzas camino a los Panamericanos no pintan nada bien, todo lo contrario.
Ambos eventos han puesto de manifiesto las consabidas precariedades del deporte nacional con miras a lo que significaría su más inmediato reto, es decir, sacar brillo de los Panamericanos del 2019, precariedades que se dan en deportes colectivos e individuales, pese a que los últimos año se ha formado la promocionada Asociación de Deportistas Olímpicos, convertida en una suerte de tabla de méritos de los Top 100 para instalar allí a nuestras mejores figuras o por lo menos, a los que tienen perspectivas sostenidas de resultados apetecibles.
Dudamos que el Ministro de Educación modifique el presupuesto, a pesar que debería hacerlo. En nuestro país hay cosas que no se atienden pese a existir razones muy atendibles.

Corporación Deportiva Fénix

baires2018

Niní, Mujeres reales!