Dom20Ene 2019

Columna de Bruno EspositoEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Nuestra prédica ya tiene muchos años, quizás somos muy pocos los que luchamos por un mínimo de respeto a la labor del periodista deportivo, pero veo que cada vez la ola es más grande y estamos perdiendo la batalla. Propietarios de medios de comunicación, empleados que deciden y que privilegian la sintonía y/o la lectoría, columnistas de espectáculos que gozan con sus majaderías y personajes de la categoría universal de bufos dentro de la irrespetada profesión hacen que cada día se tengan menos opciones, a tal punto, que hoy cualquier individuo que haya estado en un campo de fútbol es mucho, muchísmo más, sujeto de sentarse en un estudio de radio y televisión para hacer las veces de gran orientador dentro del contexto futbolístico.
Su palabra será el non plus ultra, no podrá ser refutada, cuidado de aquel que ose de contravenir sus opiniones en alta voz, porque es capaz de poner los puntos sobre las íes sin el menor reparo.
O en todo caso, aquellos jóvenes que estudiaron 5 años Ciencias de la Comunicación en alguna universidad o seis ciclos (tres años) en un reconocido instituto, tendrán su compensación yendo a cubrir entrenamientos, vestuarios, entrevistas de segundo orden, locución en off, labores de apoyo, ganando salarios discretos frente a los sueldos voluminosos que se llevan aquellos que en sus épocas vestidos de corto incluso no llegaron ni siquiera a integrar una selección nacional. Sino su valoración tendría que multiplicarse con muchos ceros a la derecha.
Este espectáculo es un vulgar plagio de los medios argentinos y uruguayos, que han infectado la profesión en la radio y la televisión, y al que se suma Chile, Perú y otros países, donde las asociaciones, sindicatos, federaciones, están comandados por personas que voltean los ojos para no ver lo que lo sucede a su alrededor. Son en todo caso los mismos gremios los responsables de semejante descrédito que sucede a diario. Como decíamos al comenzar se trata de un escándalo que agrede a quienes han hecho de sus vidas una dedicación exclusiva en beneficio de enaltecer el periodismo deportivo.
La tendencia se incrementa, la muerte anunciada del hombre de prensa es inexorable, en el campo deportivo hay muy poco por hacer, no hay cupo porque se prefieren peloteros gritones, llenos de voces engoladas y capaces de lanzar un "más antes", "primera vez que lo conozco", "haiga" y una serie de desatinos que, por supuesto, a ellos sí se les perdona porque siguen gambeteando esta vez frente a un micrófono.