Vie8Feb 2019

 

 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Son muchísimas las ocasiones en que nos quejamos de la falta de recursos en los actos más elementales de nuestras vidas. En otras apreciamos que la bonanza no es garantía de acciones atinadas. Y esta reflexión viene a pelo con lo sucedido a principios de la semana con la culminación violenta del vínculo con el colombiano Alexis Mendoza, quien ocupaba hace unos 20 días el comando técnico del campeón Sporting Cristal. Reemplazaba al chileno Mario Salas de exitosa temporada en La Florida el año 2018.
Todo indicaría que la partida de Salas no estaba en los registros de las huestes celestes y que se daba por descontada su permanecería en el club. Se dejaron embaucar con la parla del chileno, nos preguntamos, acaso Cristal no tiene harta experiencia en estos menesteres, no existía un primigenio plan B al menos, o son acaso los dirigentes de El Pirata que ahora se han trasladado al Rímac ?
Sin embargo la oferta de Colo Colo resultó insuperable y don dinero torció la voluntad del comandante, trayendo consigo un problema gordo en el club bajopontino que de apuro resolvió contratando a Mendoza. Lo avanzado de las fechas, el inicio de la Copa Libertadores de América y la Liga 1 fueron el detonante para que se tomaran decisiones, nos parece, impensadas, a tal punto que hoy Cristal no tiene técnico. Y si plazos eran cortos en ese entonces, ahora están a la vuelta de la esquina.
Su presidente, ex golero y ex gerente Carlos Benavides ha dicho que esta vez tomarán las cosas con calma. Si lo dice es porque la ocasión anterior no hubo calma, hubo frenesí. Seguramente miraron al vecino del frente y como ya había resuelto, imaginaron que no se podían quedar a la zaga.
Esta reflexión del titular debió haber gobernado la institución desde el primer momento. Era improducente que el club se generara en la interna tanta ansiedad para la decisión del nuevo director técnico, más aún en la medida que no tenían avanzadas conversaciones con ningún otro profesional, porque la salida de Salas se convirtió en un golpe inesperado. Acciones apresuradas tienen un alto costo, está visto.
Así están las cosas en el campeón. El club que durante sus 64 años ha hecho gala de un responsable manejo gerencial siendo la envidia de otras entidades deportivas, cometió un mayúsculo desatino. Lo importante: remediar el desaguisado y lo que vendría ser obligatorio, no volver a incurrir errores que echan por la borda el prestigio bien ganado.